Viaje a Georgia: Sighnaghi, Tiflis y descubrimiento del Cáucaso
Breve parada en Georgia: Sighnaghi y Tiflis
La historia reciente de Georgia, específicamente desde la
caída de la Unión Soviética, ha sido bastante turbulenta y, sobre todo inicialmente,
inestable. El país declaró su independencia en 1991, lo que no evitó una guerra
civil muy poco después, así como movimientos separatistas, especialmente en Abjasia y Osetia del Sur. Posteriormente, el intento de Georgia de recuperar el control
sobre esta última culminó con una invasión de (y una guerra con) Rusia.
En el ínterin, el país estaba prácticamente gobernado en
muchas áreas por bandas criminales y mafias, tanto locales como
transnacionales.
No obstante, en la última década larga, y a pesar de presiones
geopolíticas por parte de Rusia y problemas de crimen organizado heredados, Georgia
ha experimentado un aumento económico con un notable crecimiento del PIB impulsado
por sectores como el turismo y la inversión extranjera.
Durante mi primer viaje al país, en 2018, el turismo ya apuntaba
a un crecimiento constante que solo se detuvo durante la pandemia del COVID,
para recuperarse y seguir aumentando en la actualidad. De hecho, en los tres
primeros trimestres de este año, se estima un crecimiento del 8% con respecto
al año de mi primera visita… y los cambios se han hecho notar.
Sighnaghi (სიღნაღი)
El hecho de que esta ciudad (conocida con el ramplón nombre
de “Ciudad del amor” -¿cuántas ciudades del mundo deben compartir este dudoso
privilegio-) sea uno de los principales destinos turísticos del país ya debería
preparar al visitante para lo que se encuentra: una ciudad sin duda hermosa y
repleta de historia, pero echada a perder por el turismo cada vez más masivo. Los
síntomas, además de la abundancia de extranjeros, son siempre los mismos, y se
pueden resumir en dos: repetición (de oferta de actividades, de menús, de recuerdos,
de lugares comunes, etc.) y encarecimiento de los precios.
Sería injusto, sin embargo, sugerir que esto le resta
belleza al lugar. Antigua ciudad amurallada, todavía conserva parte de sus
torres y murallas, así como de su antigua arquitectura. También es indispensable
una visita al monasterio de Bodbe, al que se puede llegar dando un bonito paseo
por el camino de montaña que conduce a él.
El monasterio fue fundado en el siglo VI en el lugar donde
Santa Ninó, la principal evangelizadora que introdujo el cristianismo en
Georgia en el siglo IV, vivió sus últimos años, si bien las estructuras
principales se construyeron en los s. IX y XI. Nadie lo diría, porque el estado
de conservación, deudor de distintas restauraciones a lo largo de los siglos,
es virtualmente impecable.
El monasterio es realmente imponente, y junto con el encanto
del resto de la ciudad, hace que visitar Sighnaghi merezca mucho la pena,
ciudad del amor o no, especialmente porque la totalidad de la visita puede
realizarse a pie.
Tiflis (თბილისი)
Los autobuses que conducen a Tiflis, la capital del país,
desde Singhaghi son frecuentes y fáciles de encontrar, ya que parten todos
desde un garaje a cielo abierto en pleno centro de la ciudad. Por lo demás, el
viaje dura aproximadamente 2 horas, una buena parte de las cuales transcurre en
la propia capital, a causa del abundante tráfico.
Desde mi punto de vista, el centro histórico de la ciudad se
encuentra entre uno de los más hermosos del mundo.
Geográficamente, lo dominan la montaña Mtatsminda y el río
Kurá. Desde la primera y la cercana fortaleza Narikala, las vistas sobre la
ciudad son impagables (y viceversa); y muy cerca de la montaña, desciende una cascada
natural que termina uniéndose a uno de los brazos del río Kurá, que divide la
ciudad antigua en dos.
Dicho brazo del río forma un hermosísimo paseo natural que
termina fundiéndose de forma muy orgánica con el centro histórico de la ciudad.
Todo ello convierte la integración de la naturaleza con la arquitectura
variopinta -que combina estructuras bizantinas, persas, rusas y europeas- en el
gran signo identificativo de la Vieja Tiflis.
Durante mi primera visita, en 2018, el peso del turismo se
hacía notar ya mucho en la Vieja Tiflis (en los precios, abundancia de gente y
menús repetitivos), pero esta vez, en 2025, resultaba abrumadora. Yo había
querido volver a ver la ciudad después de tantos años, pero terminé huyendo
rápidamente de allí, quizás para evitar que mis recuerdos del lugar resultaran
substituidos por la nueva realidad.
Breve pausa en Hopa
Afortunadamente, la estación de buses de Ortachala es
fácilmente accesible desde allí (aunque quizás menos de lo que sería lógico),
lo que facilitó mi escapada hacia Turquía con un poco de antelación.
De nuevo, conforme a la mayor parte de la información que uno
puede encontrar en la Web, Tiflis no conecta directamente con ningún lugar en
Turquía. Teóricamente, uno debería dirigirse a Batumi, por ejemplo y, una vez
allí, cambiar de autobús.
La realidad, como además es lógico, es muy distinta. Desde
Tiflis se puede uno dirigir directamente a, por ejemplo, Trebisonda (Trabzon),
aunque yo opté por pararme antes, en Hopa. El lugar tiene muy poco (o nulo)
interés, pero lo cierto es que mi destino real era Erzurum, y resultaba
inevitable realizar una pausa. Trebisonda y Hopa se encuentran a una distancia
similar de Erzurum, pero la segunda tenía la ventaja de permitirme descansar
algunas horas mas antes de reiniciar mi viaje hacia la que, además, resulta ser
una de las ciudades más bellas e interesantes de la Turquía oriental: Erzurum.
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