Tokio histórico oculto: barrios tradicionales, islas fluviales y rincones que sobrevivieron a la guerra

Tokio dentro de Tokio

A primera vista, Tokio se presenta a sí misma como una ciudad moderna y un tanto desarticulada. Se extiende a lo largo de kilómetros y kilómetros en un tapiz inacabable repleto de anfractuosidades, colinas, edificios y calles irregulares y templos dispersos. Todo, en general, con un aspecto nuevo, impecable e incluso aséptico.

No en vano, entre el 50% y el 60% del área total de la ciudad quedó destruida por los bombardeos que padeció durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente entre marzo y mayo de 1945. Y, aunque muchas edificaciones han sido reconstruidas posteriormente, la mayor parte de los templos, santuarios, puentes y barrios históricos dentro de la zona bombardeada quedaron completamente arrasados o gravemente dañados.

No obstante, ni los pertinaces bombardeos pueden liquidar por completo la identidad histórica de una ciudad que existe desde hace más de 800 años, y que, en la actualidad, se enorgullece de ser las más grande y poblada del mundo. Y es que Tokio no es una, Tokio son muchas.

¿Cuántas exactamente?

Estructurada en 23 “distritos especiales”, lo que la mayoría de los visitantes conoce como Tokio, en realidad, hace referencia a los 7 distritos centrales: Chiyoda (palacio imperial, Estación de Tokio); Chou (Ginza, Tsukiji); Minato (Roppongi, Akasaka); Shinjuku (Estación de Shinjuku, Kabuki-cho); Shibuya (Hachiko, Yoyogi, Ebisu, Daikanyama); Taito (Ueno, Asakusa, parte de Akihabara); Bunkyo (Universidad de Tokio, Tokyo Dome).

Generalmente, los “cazadores de historia” se dirigen, con buen tino, a las zonas de Ueno y Asakusa, donde todavía pueden encontrarse vestigios de la época Edo (1603-1868). Pero la ciudad contiene muchas otras localidades que, como la aldea de Astérix, resisten, si no a los romanos, sí al paso del tiempo y a los bombardeos. Desde la Hebimichi -calle de la serpiente, por su forma serpenteante que, originalmente, seguía la ribera del arroyo Aizen-gawa, cubierto desde 1921 y hasta la actualidad- hasta Shibamata -conocida y reconocida por haber suministrado el decorado de fondo de Otoko wa tsurai-yo  (男はつらいよ), la serie de películas más larga de la historia con el mismo actor protagonista, Kiyoshi Atsumi (渥美 清) y su inolvidable Tora-san- pasando por Kagurazaka, antiguo distrito de entretenimiento y de residencias de geishas, por mencionar unas pocas.

El tamaño y la forma de la ciudad no facilitan la visita a estos pequeños tesoros, a menudo alejados entre sí por grandes distancias y no siempre conectados directamente con los distritos más centrales. Aún así, si se dispone de tiempo, merece la pena ir recorriéndolos para ir generando un mapa sensorial más amplio de la gran capital.

Sin ir más lejos, y a modo de ejemplo…

Tsukudajima/Tsukishima

Antiguamente, se trataba de dos islas separadas ubicadas en el delta del río Sumida, aunque hoy en día cuesta diferenciarlas, ya que están conectadas por puentes y se funden la una con la otra de forma muy armónica.

Conjuntamente, encierran un barrio muy pintoresco a orillas del río Sumida, donde, antaño, vivían pescadores, muchos de ellos originarios de Tsukuda (Osaka), lo que sin duda explica la presencia en ellas del templo Sumiyoshi Jinja, hermanado con el original de mismo nombre en Osaka.

Una banca en la calle

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Testimonio de este pasado pescador es también el faro de Ishikawajima que preside la zona, protegido por un muro compuesto de bloques de piedra intercalados que se aguanta sin hacer recurso a ningún tipo de cemento, lo que caracteriza uno de los métodos arquitectónicos más peculiares de Japón, también originario de Kansai.  

Edificio de piedra

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Un paseo por las dos islas revela también casas bajas, a menudo modestas, calles estrechas y mucha serenidad. Los rascacielos que las rodean, de muy posterior construcción, pueden verse como vigías protectores o como enormes bestias amenazadoras, según el día y la imaginación que uno le ponga. 

Un grupo de personas en un barco en el agua cerca de un edificio

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Caminar desde, o hasta, el cercano templo de Tsukiji Honganji es en extremo agradable, ya que, necesariamente, se ha de cruzar el río Sumida en una de sus porciones más amplias, lo que, por otra parte, ofrece una visión prácticamente única de las dos torres más emblemáticas de Tokio: la Tokyo Skytree y la Tokyo Tower.

Residencia Maeda (Komaba)

La casualidad quiso que, mientras paseaba en bicicleta por la animadísima zona de Shimo-Kitazawa, tropezara con el hermoso parque de Komaba, donde se encuentra la antigua residencia del Marqués Maeda, en la parte norte de Meguro.

El parque no es especialmente grande, pero consigue que uno se olvide, aún momentáneamente, de que se encuentra en una urbe superpoblada. Los restos históricos, las altas copas de los árboles, que a menudo forman una especie de maraña que cubre el cielo, el alegre piar de los abundantísimos pájaros, los niños que juegan a lo lejos, la práctica ausencia de turistas… todo ello contribuye a generar esa sensación de extrañamiento y de paz inmediata.

Un árbol sin hojas

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Domina el parque un edificio de estilo europeo construido hace casi 100 años y que servía de residencia al marqués Maeda y su familia, aunque ahora es un museo abierto al público, mantenido de forma impecable.

Más allá de la curiosidad sobre cómo vivían los ricos hace cien años, e incluso de su evidente valor histórico y arquitectónico, la casa ofrece una visión esplendorosa sobre el parque, y hace envidiar, no ya el espacio, el lujo y la riqueza que rodeaban a la familia, sino la belleza interior y exterior de su domicilio, así como la calidad de la luz y del aire.

Un cuarto con una puerta de madera

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

La ciudad ofrece muchos tesoros como estos y, si se tiene la ocasión, merece la pena ir destapándolos, a veces con intención (como en el caso de las islas de Tsukudajima/Tsukishima) y a veces por casualidad (como en el caso de la antigua residencia de los Maeda. En ambos casos, Tokio parece querer gritarle al mundo que las bombas no pudieron con ella, como tampoco puede el turismo de masas que se concentra en los “lugares de interés” actualmente manoseados, pisoteados y desnaturalizados hasta la saciedad. Y también que, en sus rincones y meandros, se encuentran otras muchas Tokio de menor escala, pero de similar intensidad, belleza y valor.

#BarriosDeTokio #Tsukudajima #Tsukishima #Komaba #MaedaResidence

 

📸 Puedes ver una selección de fotos relacionadas con esta entrada en Instagram:
👉 Ver galería fotográfica en Instagram

📸 Otra galería interesante:
👉 Ver galería fotográfica en Instagram

Comentarios

Entradas populares de este blog