Las estatuas decapitadas del monte Nemrut (Nemrut Dağı)
Monte Nemrut: Estatuas decapitadas y viaje al este de Turquía
El que es uno de los monumentos funerarios más reconocibles y espectaculares del mundo muy probablemente también sea de los más desconocidos.
Todos hemos visto las imágenes en infinidad de lugares,
incluidos los pósteres y folletos turísticos de las agencias turísticas de Turquía.
Las estatuas decapitadas que contemplan la eternidad desde hace más de 2 000
años a otros tantos metros de altura tienen un aura hipnótica, quizás debida
parcialmente al sincretismo religioso y artístico que presentan, mezcla de
tradiciones persas, griegas y armenias.
No obstante, las visitas anuales que recibe el lugar no
parecen reflejar tanta celebridad: entre 50 000 y 225 000 visitantes anuales,
de los cuales menos de un 5% es de origen extranjero. Muy poco que ver con los
casi 5 millones que visitaron la Sagrada Familia o los cerca de 7 millones que
visitaron la Torre Eiffel en 2024 (de los cuales, el 87% fueron extranjeros).
Es cierto que Turquía es un país enorme con un legado
histórico prácticamente inabarcable, como también es cierto que, de forma
general, muy pocos turistas se acercan al este del país. Baste decir que, en el
mismo año 2024, casi 19 millones de turistas extranjeros visitaron Estambul, y
unos 3-4 millones Capadocia. Claramente, muchos más que el 5% de, como máximo
225 000 visitantes en el monte Nemrut.
Y por supuesto, la industria turística también es un buen
reflejo de esta situación, ya que desplazarse al monte Nemrut es cualquier cosa
menos fácil e inmediato.
Sin ir más lejos, no existe transporte público directo entre
Erzurum, la principal ciudad de Anatolia oriental, y el famoso sitio
arqueológico. La localidad más cercana en la que uno puede alojarse cerca de
las célebres estatuas es Karadut, aunque no se trata de un pueblo con una
mínima estructura urbana desarrollada, sino más bien de un pequeño asentamiento
y conjunto de alojamientos y servicios turísticos creados para facilitar la
visita al monte Nemrut. Si uno quiere alojarse en una población “de verdad”, es
preferible hacerlo en la cercana Kahta.
Pero, para llegar a Kahta desde Erzurum, hay que parar
primero en Siverek (por ejemplo, en un autocar nocturno) y luego esperar otro
autocar que se dirija a Kahta.
Anteriormente, por lo que cuenta algún lugareño, existían dolmuş
que conectaban Kahta con el Monte Nemrut. Pero, en el momento de mi visita,
esa opción ya no existía, hecho del cual se aprovechan los operadores
turísticos locales, que cobran precios bastante altos para poder realizar la
visita. Igualmente, los taxis que realizan el recorrido de ida y vuelta también
son bastante caros si se toman individualmente. Por lo que puede ser una buena
opción hacer noche en Kahta en lugar de en Karadut (lo que permite disfrutar de
un abanico de opciones más amplio para comer o tomarse un café) y luego
desplazarse hasta Karadut en un dolmuş. En la oficina de taxis de la
estación de autocares de Kahta me negaron rotundamente varias veces que
existiera dicho dolmuş, así que supongo que tuve la suerte de que
inventaran un específicamente para mí.
El trayecto entre ambos lugares es bastante corto y
agradable, con un paisaje básicamente montañoso, y el único problema real es
que, obviamente, el recorrido del dolmuş no termina en Karadut, donde
tampoco existe, técnicamente, ninguna estación de autobuses. En otras palabras,
la parada se hace en el cruce de la carretera “principal” con la que conduce a
Karadut, a unos 3 km más de distancia. No sería un trayecto demasiado largo
para hacer a pie, de no ser porque, posteriormente, el monumento funerario
queda a otros 12 km, con una inclinación media del 10%. A priori, nada que no
se pueda recorrer a pie, si las condiciones y el tiempo del que uno dispone son
los adecuados.
Ese mismo día, yo quería hacer noche en Gaziantep, por lo
que cargaba con mi pequeña mochila y tampoco contaba con las horas extras que
hubiera necesitado para hacer el camino de ida y vuelta andando. Por suerte
para mí, en el cruce de caminos antes mencionado, es frecuente que haya
conductores de las pensiones locales ofreciendo sus servicios (visita,
alojamiento, etc.). Así que, tras una breve negociación, me dirigí al Monte
Nemrut.
Y la decisión resultó ser adecuada, porque el último trozo
de la ascensión se hace necesariamente a pie. Una vez se accede al sitio
arqueológico, los vehículos han de quedarse en el exterior y la visita solo
puede realizarse caminando. Las dos terrazas principales, aquellas en las que se
encuentran las famosas estatuas, están conectadas por una tercera terraza desde
la que se tiene una vista espectacular sobre el valle que permite entender la
intención del rey Antíoco I de que su tumba y monumento funerario estuvieran lo
más cerca posible del cielo.
Desgraciadamente, el este de Turquía también se caracteriza
por ser una zona de alta actividad sísmica, como atestigua, por ejemplo, el
terremoto que tuvo lugar en 2023 y generó decenas de miles de víctimas
mortales.
A lo largo de los siglos, las estatuas no han podido escapar
de la actividad sísmica, la cual, junto con la acción humana, es una de las
principales responsables de que estén decapitadas. Extrañamente, parte de la
atracción del lugar radica en este hecho.
En la terraza este, se pueden observar todavía las estatuas
decapitadas, con las cabezas originales colocadas justo delante de ellas.
Mientras que, en la terraza oeste, las estatuas están más
deterioradas, y las cabezas dispersadas por el suelo le dan a uno la sensación
de encontrarse en un campo de calabazas, debajo de las cuales, en lugar de
raíces, se encuentran los cuerpos desaparecidos, dispuestos a emerger en
cualquier momento.
La potencia visual de las estatuas, de las terrazas, del
valle a sus pies; el sol intenso y el aire frío envolvente; la paz que se
respira en todo el lugar, transforman la experiencia de visitar el monte Nemrut
en un conjunto de percepciones complejo y con muchos niveles de emociones y
sensaciones.
A mí, al menos, me había valido la pena la larga espera y el
largo camino hasta el sitio arqueológico y, mientras regresaba a Kahta para
buscar un autocar que me transportara a Gaziantep vía Adiyaman, no pude evitar
sentirme un poco más rico, un poco más lleno, que antes de la visita.
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